Publicado: Martes, 12 Noviembre 2019

Hermano Francisco no estás solo

Con estas palabras se dirigió un líder de los pueblos originarios al papa en el Sínodo Amazónico. Podría haberlo leído en algún artículo. El regalazo es que nos lo contó el Secretario Ejecutivo de la Red Pan Amazónica, Mauricio López, en el congreso por el 50 aniversario del SJES en Roma. Esta afirmación, de respaldo, de reconocimiento y de misión compartida, sintetiza mis mociones de estos días. Me queda el sentimiento interno de que la misión de la universal Compañía me hace co-responsable del encargo recibido y confirmado en tantas ocasiones por el papa Francisco: Servir, acompañar, defender y acunar la esperanza de los excluidos. El cuidado de nuestros/as hermanos,  de la casa común, el trabajo en red y el liderazgo compartido con mujeres y laicos... no es algo que tenga que hacer “el gobierno de la Compañía”, la comisión de... o que vaya a ocurrir simplemente porque se escriban documentos. No es tarea “de otros”, es una misión que pide mi compromiso concreto, mi conversión personal y la de mi comunidad, ¡y la tuya! Que cada cual haga lo posible en la obra en la que trabaja, en su comunidad en su grupo de vida...

Hemos disfrutado de charlas de ponentes brillantes y hemos conocido iniciativas sociales increíbles de la Compañía. Me han interpelado especialmente el testimonio del P. Greg Boyle SJ de Homeboy Industries (https://homeboyindustries.org/ ) con su llamada a llevar a las fronteras el Reino de la Ternura; el trabajo en red del Ignatian Solidarity Network https://ignatiansolidarity.net/, que congregará a 2.000 jóvenes en una formación sobre fe y justicia; el proceso sinodal que precedió el sínodo de la Amazonia por el papel que la REPAM jugó ahí posibilitándola, creando espacios, generando encuentros; el testimonio del “padre Melo”...

También hemos tenido trabajo de grupos para compartir llamadas e intuiciones. Me resonó profundamente una observación de Erin MacDonald CSJ: ¿Qué significa nuestro voto de pobreza hoy? Reducirlo a `comprar barato’ supone que “mi pobreza la paguen los pobres, y el clima... no tendríamos más bien que pensar en un voto de vivir de modo justo”.

Han sido días de encuentros, de co-inspiraciones de café y de pasillo ¡Tengo tanto que agradecer! Fue muy emotivo asistir a la recepción del Papa, saludarle y que me pidiera que rezara por él… escucharle en directo y en castellano. Sentí que vivía la historia de la Compañía en tiempo real al escuchar al general presentarle al papa la composición de la comitiva: “el cien por ciento de los participantes en el anterior congreso del apostolado social (Nápoles 1997), éramos jesuitas; en este Congreso somos el 63%”. Signos de los tiempos vividos en vivo y en directo como que el general se reuniese con las 32 mujeres de la asamblea.

Hubo tantos momentos especiales... el rato de conversación con el General volviendo de la visita al vaticano ¡con toda sencillez!, compartir el desayuno con monseñor Ladaria, quien me recordó ¡con detalles! el día de mi ordenación hace 8 años… Es indescriptible el vértigo de leer ante la asamblea la “carta a los mártires”: “quiero vivir como tú has vivido... quiero que mi guía sea solo la esperanza, como lo fue para ti. Tú vida ilumina mi vida y me ayuda a soñar a seguir buscando, a seguir intentando, a compartir. Y a danzar, sí, con la música del canto y del compromiso.”

Termino recordando la petición del papa Francisco a la Compañía, a la familia ignaciana: “Compartan su esperanza allá donde se encuentren, para alentar, consolar, confortar y reanimar. Por favor, abran futuro... susciten posibilidades, generen alternativas, ayuden a pensar y actuar de un modo diverso. Cuiden su relación diaria con el Cristo resucitado y glorioso, y sean obreros de la caridad y sembradores de esperanza.”

Han sido días de sentir y gustar el increíble potencial que tenemos la Compañía y la familia ignaciana para tejer reino y de ser testigo de ese proceso y de esa novedad del Reino que ya estamos engendrando.

Que el Señor nos ayude a encarnar la palabra recibida y hecha misión: “hermano Francisco” no estás solo.

José María Segura SJ

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