Publicado: Martes, 28 Enero 2020

«La impresión de ser llamado por Dios no deja de sobrecogerme»

El próximo 8 de febrero celebraremos en Madrid la ordenación diaconal de 8 jesuitas, cinco de ellos españoles. En los próximos días presentaremos algunos testimonios suyos, que nos ayuden a acompañarlos en un hito tan importante de su compromiso con el pueblo de Dios.

Nubar Hamparzoumian SJ

Nacido en Madrid, el 3 de junio de 1987, entró en la Compañía de Jesús en San Sebastián, 18 de septiembre del 2008. Antes de ello había comenzado estudios de Ingeniería Técnica Forestal, pero tras hacerse jesuita estudió el bienio filosófico, el grado de comunicación audiovisual y un máster de educación. Ahora se encuentra terminando el bachiller de teología. Hasta el momento ha estado destinado en San Sebastián (2008-2010. Noviciado), Salamanca (2010-2014. Juniorado y estudios especiales), Barcelona (2014-2017. Estudios especiales y magisterio) y Madrid (2017-actualidad. Bachiller en teología).

¿Cuándo empezaste a ver clara tu vocación a la Compañía?

A la Compañía la conozco desde el colegio del Recuerdo. Allí aprendí muchos valores que en mi familia complementaban como son la amistad, el esfuerzo y el trabajo; pero también allí se forjó mi experiencia de Dios con un Cristo encarnado en la realidad que había más allá del colegio y “mi burbuja”. Aprendí un modo de ver y responder al mundo roto que pensaba que tenía que responder solo en unos momentos concretos: voluntariados, algún rato de oración y misa,... pero en la experiencia de Loyola el punto de inflexión vino con una invitación a darme por entero, siempre y en todo momento; un 24/7. Al principio lo negué y no quería abandonar “mis sueños”, pero ¿cómo negarme al sueño que Dios tiene para mi?

Fue un salto del cual no me arrepiento y que ojalá quienes también intuyen esa invitación de Dios saltarán, pues viene de Él ¿no crees que es mejor comprobar qué es ser feliz de verdad?

¿Qué supone para ti el paso que te dispones a dar?

Ante la ordenación diaconal me siento entre abrumado y tremendamente feliz. Después de 11 años en la Compañía de Jesús no es algo que me venga de sorpresa. Ya desde el Noviciado uno de nuestros formadores nos lo decía con cariñosa insistencia: “futuros sacerdotes”. Entonces parecía una cosa muy lejana, pero estos años de formación me han servido de confirmación en esta vocación de servicio en la Compañía a la Iglesia y la sociedad. Un servicio que es de anuncio y explicación del buenísimo mensaje de Jesús, que tiene una actualidad espectacular. Pero la impresión de ser llamado por Dios no deja de sobrecogerme. Los diferentes destinos y experiencias como jesuita han ayudado a ver de primera mano la necesidad de las personas de la Buena Noticia. Y han ayudado a confirmar que quiero y deseo cumplir la voluntad que Él tiene para mi. Y hacerlo desde quien soy, con mis faltas y mis capacidades, pero sobre todo queriendo a quienes intento acercar a Cristo, y lo más difícil, dejándome querer por ellos también.

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