Publicado: Jueves, 30 Enero 2020

«Dios estará a mi lado, como lo ha estado a lo largo de estos años»

Daniel Cuesta SJ nació en Segovia el 16 de abril de 1987 y entró en la compañía en San Sebastián en 2007. Ha estudiado un grado en Historia del Arte y otro en Humanidades. Está ahora estudiando el Bachiller en Teología. Sus destinos hasta el momento han sido: San Sebastián, noviciado (2007-2009); Salamanca, juniorado (2009-2014); Lérida, magisterio (2014-2017); y Madrid, teología (2017-2020). El próximo 8 de febrero recibirá la ordenación diaconal en Madrid junto a otros siete compañeros.

¿Hubo algún momento experiencia que te marcara especialmente para optar por tu vocación de ser jesuita?

Desde muy joven sentí que Dios quería algo de mí, pero no acababa de ver claro cuál era aquella vocación para la que me había creado. Con todo, hubo un momento en el que vi bastante claro que lo mío era ser un buen laico comprometido en la Iglesia. Dedicarme al mundo del estudio de la Historia del Arte y vivir mi fe desde la vida parroquial y cofrade. Pero, justo en el momento en el que parecía que todas las piezas encajaban, reapareció en mi vida la pregunta vocacional que desbarajustó todos mis planes de futuro. Fue a partir de que, por casualidad, comencé a ir a misa de 21:15 en la iglesia de los jesuitas de Valladolid. Allí conocí un grupo de jesuitas jóvenes, alegres, profundos e incansables, que parecían tener siempre tiempo para escucharme. Eran personas que vivían su consagración a Dios con una frescura y una naturalidad que me impresionaron. Que conjugaban su presencia en la iglesia y la pastoral universitaria con las clases en el colegio, las visitas a la cárcel y otros muchos voluntariados. Aquellos jesuitas fueron la mediación que el Señor utilizó para mostrarme que mi camino, aquel que había buscado desde siempre, estaba en la Compañía de Jesús. Dios me mostró que hasta el momento había estado contento con todo lo que hacía, pero que en mi vocación se me ofrecía algo más: ser feliz.

¿Qué supone para ti la ordenación diaconal?

Para mi la ordenación diaconal es un paso muy importante, sobre todo porque supone el inicio del ministerio para el que me siento llamado. Soy consciente de que es un paso grande que me sobrepasa y eso sobrecoge. Pero, pese a todos los miedos, estoy tranquilo, puesto que siento que esta es la dirección hacia la que Dios me ha ido guiando y llevando a lo largo de estos años. Al pensar en la ordenación, no puedo evitar mirar hacia atrás y ver como mis doce años de jesuita han sido un intentar buscar y hallar la voluntad de Dios en mi vida (contando con toda mi debilidad e incoherencia). Por eso, siento que la ordenación es un paso más en esa búsqueda de responder a la voluntad de Dios, un paso importante y grande, cierto, pero un paso en el que Dios estará a mi lado, como lo ha estado a lo largo de estos años. Por eso, lo vivo tranquilo.

 

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