Publicado: Martes, 04 Febrero 2020

«Sueño con que la vida que empieza después sea de una entrega cotidiana»

Íñigo H. Alcaraz SJ nació en Madrid en 1987 y entró en la Compañía en San Sebastián en 2010. Es licenciado en Derecho y tiene un Diploma en Relaciones Internacionales por la Universidad Pontificia Comillas; el Grado en Filosofía por la Pontificia de Salamanca; ha realizado un Master sobre educación en la Universidad Internacional de la Rioja y el Programa Ejecutivo en Dirección y Gestión de ONGs de ESADE. En la actualidad se encuentra cursando el tercer curso del Bachiller en Teología en la Universidad Pontificia Comillas y el Programa Ejecutivo en Liderazgo e Innovación Social en ESADE. Sus destinos hasta el momento han sido: San Sebastián (noviciado), Salamanca (juniorado), Londres, Pamplona (magisterio) y Madrid (teología). El sábado recibirá la ordenación diaconal junto a otros siete jesuitas.

¿Qué significa para ti la vocación jesuita?

Ser jesuita es una aventura que, en mi caso, comienza respondiendo a Dios, descubierto en las personas más vulnerables y en quienes se ocupan de promoverlas. Percibir que Dios está presente en la realidad, también en aquellos lugares despreciados por la sociedad, me puso en marcha para sumarme al torrente de generosidad de quienes sirven gratis y poder devolver con mi vida algo de ese amor gratuito. Me atrajo vivir sencillamente, al estilo de Jesús. Cerca de la gente, a su servicio, trabajando por ese sueño real que es el reino de Dios: un espacio y un tiempo de justicia para todos, de disfrutar de la alegría de ser hijos de Dios. También, disfrutar de la vida junto a compañeros y amigos, compartiendo la misión, el deporte, la oración y tantos altibajos que trae cada día. Disfrutar de terminar el día y cerrar los ojos sabiendo que estás en las mejores manos, las de un Dios que trabaja incluso cuando duermes. Poder contribuir libremente a ayudarle en favor de las personas es la mejor de las experiencias.

¿Qué esperas de tu ordenación como diácono?

La ordenación trae mucha alegría, ilusión y, sobre todo, agradecimiento. Sueño con que la vida que empieza después sea de una entrega cotidiana, allí donde más falta haga, cumpliendo con la misión que la Compañía, en nombre de la Iglesia, me encomiende. Dejarme evangelizar por las personas que Dios pone al lado como compañeros, como destinatarios de un servicio, como amigos… Aprender de todos ellos y no estorbar a Dios, que pasa por todas partes.

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