Publicado: Jueves, 06 Febrero 2020

«Es una consagración para el servicio a Dios a través de los demás»

Isaías Abílio Caldas SJ nació en Timor Oriental en 1985 y entró en la Compañía en Singapur en 2004. Hizo el Noviciado en Singapur (2004-2006), el Juniorado en Manila (2006-2008), Filosofía y Sociología en la universidad Ateneo de Manila (2008-2012) y el Magisterio en Timor Oriental (2012-2015). Después hizo un Master en Literatura Portuguesa e Literatura de Língua Portuguesa en la Universidade do Porto (Portugal) (2015-201), y Teología en la Universidad Pontificia de Comillas (2017-2020).  Este sábado será ordenado diácono en Madrid junto a otros compañeros.

¿Hay alguna experiencia que haya marcado particularmente el descubrimiento de tu vocación jesuita?  

Estudie 3 años de Escuela Secundaria en un colegio diocesano que administraban los jesuitas en Dili, la capital de Timor Oriental. Durante mi tiempo en este colegio, conocí a dos jesuitas que fueron asesinados durante el conflicto que surgió después del referéndum en el que los timorenses decidieron separarse de Indonesia y constituirse en país independiente. Uno, el más joven, era un indonesio. Después de su ordenación sacerdotal, fue destinado a Timor para enseñar en nuestro colegio. Mientras estudiaba el idioma local para prepararse mejor para su misión, lo mataron las milicias pro-indonesias. Tenía 33 años. Otro, un alemán, el responsable de JRS (Jesuit Refugee Service) en Timor, fue asesinado casi una semana después. Estos testigos suscitaban en mí deseos de vivir por los demás como decía el lema de nuestro colegio: “To be men and women for/with others.” El martirio de estos jesuitas hizo verdad, para un joven como yo, aquella frase de P. Arrupe. Esto me marcó mucho.   

¿Cómo te encuentras ante tu próxima ordenación diaconal?

Es un paso importante que me prepara para el sacerdocio. En estos días, doy vueltas a la vocación del diacono (y del sacerdote) que es una consagración para el servicio a Dios a través de los demás, construyendo el Reino y haciendo a los demás consciente de su vocación como hijas e hijos de Dios. Me encuentro bastante tranquilo. Es una tranquilidad acompañada por una confianza de que estoy en las manos del Señor. No estoy solo. El señor va guiándome y enseñándome para hacer su misión. Confío en él.  

 

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