Publicado: Lunes, 24 Febrero 2020

Un congreso para la esperanza

Escribo esta pequeña reflexión sobre lo que ha supuesto para mí asistir y vivir El Congreso de Laicos, que ha tenido lugar en Madrid del viernes 14 al domingo 16 de febrero de 2020 en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo con una asistencia de más de 2.200 personas.

Asistir a un Congreso de Laicos siendo religioso, de primeras me generó un cierto miedo o rechazo. Me preguntaba ¿por qué asistir?,  ¿qué puedo aportar? Quizás estorbo más que otra cosa…es decir algunas etiquetas y prejuicios que no me ayudaron.

Lejos de esas primeras impresiones, al término del Congreso puedo afirmar que ha sido una experiencia muy positiva y enriquecedora como religioso pero sobre todo como miembro de esta Iglesia común que nos une y nos congrega en torno a una misión compartida.

Obviamente sería falso afirmar que todo ha sido bueno o interesante. Ha habido momentos más densos, quizás que no tendrán tanto fruto y que derivan de un evento de estas dimensiones: charlas más generales o algunas conclusiones que se quedarán más como ideales que como propuestas realistas. Pero, en cualquier caso, el ambiente que se respiró estos tres días fue profundamente eclesial, constructivo y esperanzador.

Profundamente eclesial: porque creo que nunca había podido compartir unos talleres, unas reflexiones y ponencias sentados al mismo nivel cardenales y obispos, sacerdotes y laicos, jóvenes y mayores, personas con discapacidad, profesionales jóvenes o estudiantes universitarios. Ha sido un verdadero regalo llegar a un encuentro de la Iglesia universal convocado desde el laicado, dónde los auténticos protagonistas han sido las personas vulnerables y los grandes desafíos que tiene nuestra iglesia local y nacional.

Constructivo: porque el testimonio de las personas con discapacidad en el taller que asistí (había cuarenta talleres diferentes) sobre las dificultades de acceso a Iglesias, o sobre la necesidad de adaptación de materiales para que ellos puedan ser no sólo objetos de evangelización sino sujetos que evangelizan, fue realmente interesante y emotivo.

También constructivo porque nos pudimos acercar a la situación vulnerable en distintas zonas geográficas de España por la pobreza de recursos existente, así como la tarea pendiente de las instituciones civiles, políticas y religiosas en esta materia. Todo esto fue denunciado y expresado con una fuerza, una pasión y una vitalidad que nos hizo soñar despiertos.

Y en tercer lugar, esperanzador porque el futuro y también presente de la Iglesia, supone aceptar que este pueblo en salida necesita una serie de cambios profundos, progresivos y reales liderados por nuevos protagonistas.

Detrás de toda esta esperanza también está el asumir que en este barco todos somos necesarios y necesitados, cada uno con nuestro rol pero juntos en misión compartida y con Jesucristo como timón y guía.

Javier Dias de la Fuente sj

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