Publicado: Viernes, 20 Marzo 2020

Crónicas desde LLeida

Estimadas amigas y amigos,

En estos tiempos extraños os escribo de nuevo, consciente de los meses de silencio, que sin embargo nos pueden hacer valorar más estos intercambios.

Desde septiembre del 2019 fui enviado a Lleida, en una nueva etapa de dos años al servicio de la Compañía de Jesús en los proyectos de Arrels Sant Ignasi y de la parroquia que tenemos los jesuitas. En Arrels, atendemos fundamentalmente a personas sin hogar y sin techo, toxicómanos y personas en período de reinserción, mujeres que están en tercer grado penitenciario, migrantes que necesitan aprender catalán o castellano, y niños que piden refuerzo escolar en un barrio más marginal de la ciudad. En total más de 1.500 personas de manera directa. En la parroquia, me dedico también a algunos grupos más pastorales (Biblia, revisión de vida, grupo de oración, niños ...). A pesar de las limitaciones que ya conocéis, que me frenan el día a día y que me colocan en actividades más sedentarias, estoy muy contento de poder dedicar mi tiempo y energías a los últimos y excluidos de la sociedad en Lleida: Dios se hace presente en empatías, historias y nombres bien reales. También estamos creando un proyecto Hospitalitat donde una red de familias voluntarias pueda acoger, con el apoyo de nuestro equipo, jóvenes migrantes para darles un hogar durante unos meses, una experiencia que es un reto pero que se concibe muy necesaria para tanta gente que malvive y necesita afecto.

En medio de estos retos y de la pandemia que estamos viviendo a escala global, la situación de muchos amigos y conocidos en Tanzania, Kenia, Senegal, Marruecos... es muy preocupante y se hace aún más invisible. Como países ricos, parece que sólo nos asustamos y nos movemos cuando algo nos toca el bolsillo y la salud. Hasta ahora y a lo largo de semanas se han acumulado 6.036 muertes en el mundo por Covid-19, pero cada día mueren 24.000 personas de hambre. ¿Realmente no nos escandaliza, ni somos capaces de movilizarnos así? En la escuela Loyola High School, el curso del cual fui tutor en 1º de ESO ha terminado ahora 4º de ESO. He preguntado como están y muchos de ellos se sienten profundamente tristes porque después de la etapa de ESO, el bachillerato de 2 años (A-Level) es caro (unos 1.200 euros) y sus familias no pueden pagarlo. La escuela pública tiene unas condiciones realmente lamentables, caóticas y sin material como laboratorios para preparar a los alumnos. El comité de becas de nuestra escuela hace lo que puede para ayudar a algunos a seguir en la escuela, pero muchos de los que estaban becados durante la secundaria quedan ahora sin beca en bachillerato porque el comité de becas necesita becar también nuevos alumnos más pobres de 1º de ESO. Es el caso de Khadija (es un nombre falso, es la alumna de la foto), de quien fui tutor y ahora estaría lista para empezar bachillerato: su sueño es poder formarse para ser médico, pero me confesaba estas palabras, que me parecían devastadoras: "Los pobres no podemos tener sueños". ¿No podríamos cambiar el futuro, aunque sea de una sola persona, de Khadija? Si queremos, lo podemos hacer, pero en red. Y por eso os lo comparto, sabiendo que un granito de cada uno puede llegar a cumplir un milagro, su sueño.

Seguir leyendo la carta de Joan Morera SJ

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