Publicado: Miércoles, 22 Abril 2020

Desde mi confinamiento

Llevo cinco días confinado y solo en mi habitación, como toda la comunidad, pero es la época de mi vida en la que me estoy sintiendo más acompañado, apoyado, consolado y sabiendo que muchos están rezando por mí y por la comunidad. Estoy experimentando lo que decía San Francisco Javier, desde la lejanía, “Compañía de Jesús, compañía de amor”. Empezando por el Provincial y el Delegado de la tercera edad, muchas comunidades, jesuitas particulares, desde Roma (Cipri y Wenceslao), me llaman, envían correos, WhatsApp, interesándose por el estado de la comunidad y por el mío también, ofreciéndome su ánimo, cercanía y oración.

Además, tenemos el apoyo de varios escolares s.j., que lo están haciendo fenomenalmente bien y ayudando en la enfermería y en la comunidad.

Nuestros hermanos jesuitas que están en la enfermería llevan confinados en sus cuartos desde hace más de un mes y son los que están mejor, aparte de sus patologías previas. El resto de la comunidad llevamos cinco días en nuestras habitaciones sin salir para nada de ellas. Nos traen el desayuno, comida, merienda, cena, y nos toman la temperatura y saturación dos veces al día. Desde que estamos en esta situación, todos estamos bien, gracias a Dios y a los cuidados de las enfermeras y personal auxiliar, que se están portando de una manera extraordinaria, con mucha atención, cariño e interés por todos. Nos consolamos sabiendo que estamos unidos en la oración, algunos celebrando la Eucaristía en su cuarto o sumándonos a la de Maldonado (¡gracias!)  Además de la previsión que hicimos y gracias a las aportaciones de bomberos, Protección Civil, Fundaciones y otros voluntarios, estamos bien provistos de material de protección para nuestro personal: mascarillas buenas, batas, pantallas, gafas protectoras, etc.

En los primeros quince días de abril, fallecieron cinco compañeros de la comunidad, los dos primeros por patologías que no tenían nada que ver con el covid-19. En los primeros entierros, en la Sacramental de San Isidro, pudimos acudir dos de la comunidad y algún familiar. Solamente podíamos rezar un responso en la puerta del cementerio y nos volvíamos para casa. Daba mucha pena, nos producía mucha tristeza, pero nos consolaba el que “los que han muerto en Cristo, resucitan también con Él”. En los últimos ya no hemos podido ir, pero un diácono permanente reza un responso a la puerta, en nuestro nombre, en el de toda la comunidad y en el de toda la Iglesia.

En este momento tenemos a 8 compañeros hospitalizados. Seis de ellos en el hospital HM Sanchinarro, de Madrid, gracias a ASISA. Aquí se están portando fenomenalmente bien. Todos los días me llama la Dra. Villares y me informa del estado y evolución de cada uno, con todo detalle. Si algún día se retrasa y me llama a las 10,30 de la noche, lo primero que hace es pedirme perdón por la hora. Prácticamente está las 24 horas del día y no descansa sábados ni domingos. Me informa con una delicadeza y cariño enormes. Es conocida de algún jesuita, va a Misa a Maldonado y su marido es A.A. de la Inmaculada de Gijón. Tenemos ya tal confianza que sé que tiene dos mellizos de cinco años, que nacieron el día de San Ignacio y uno de ellos lleva su nombre.

Me alegro mucho de poder compartir mi experiencia y sentimientos con toda la Provincia. Lo necesitaba y es una manera humilde y sencilla de daros las gracias por todo lo que estoy recibiendo de todos vosotros.

Un abrazo en Cristo resucitado. Él es nuestra paz y nuestra alegría.

Rafa Mateos SJ  (Alcalá de Henares).

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