Publicado: Viernes, 10 Junio 2022

¿Cómo afronta Andrés González SJ su ordenación?

Ocho compañeros jesuitas de la provincia de España se ordenan sacerdotes este verano. La primera celebración, en la que se ordenarán siete compañeros, tendrá lugar en Bilbao el próximo 11 de junio. Les preguntamos por su vida, su trayectoria como jesuitas, su vocación y cómo afrontan su próxima ordenación.

ANDRÉS GONZÁLEZ SJ

Pinceladas biográficas

Nací en Madrid (1984). Conocí a los jesuitas de oídas a través de mi familia. Cuando estaba terminando mi carrera y empezando a pensar en la vocación, encontré el libro “El liderazgo al estilo de los jesuitas”, que me animó a contactar con ellos. Entré en el Noviciado de San Sebastián el 6 de septiembre de 2012. Estudié filosofía dos años en Salamanca. Hice el magisterio en el Colegio San José de Villafranca de los Barros, dos años. Después volví a Madrid para estudiar teología en Comillas. Ahora termino mi primer año de un total de dos cursando la licencia en teología moral en Boston.

¿Dónde sitúas el origen de tu vocación?

Mi abuela tenía mucha devoción a San Ignacio y San Francisco Javier. Quizás uno de los momentos más significativos fue la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta (octubre de 2003) Me hizo empezar a pensar sobre cómo una persona, por su fe en Dios, lo puede dejar todo por para ir a servir a los pobres. Algún tiempo después me apunté a un voluntariado. La señora que lo dirigía decía que un jesuita la ayudó en un momento difícil, y gracias a ello caló en ella la idea de que “siempre hay alguien que ayuda”, y su historia me ayudó ver a los jesuitas como gente que ayuda. Por otra parte, siempre había oído hablar del trabajo de los jesuitas en la ciencia y la cultura, y eso me hacía verlos como gente que era capaz de pensar y hablar de Dios en el el lenguaje que otros pueden entender.

¿Cómo ha sido tu trayectoria como jesuita? 

En este momento, pensar en mi trayectoria como jesuita me sugiere la imagen de un arco. Como decía, en un primer momento me interesaba la faceta más académica del apostolado de los jesuitas, junto a un concepto general de “ayudar”. En los primeros años comencé a sentir un gran interés los misioneros y el diálogo con las culturas orientales. Una corta experiencia en la provincia de China, me proporcionó una dosis de realidad sobre la complejidad de la misión de la Compañía allí, y dos años de magisterio en un colegio me dieron un mayor conocimiento de mí mismo. Estas experiencias fueron reconduciendo mi discernimiento al diálogo entre la fe y la ciencia (o más en concreto, con la tecnología). Pero esta vez con un tono distinto. Menos apologético, y más orientado al diálogo profundo, y a buscar cómo Dios está presente en estas realidades. Cómo el desarrollo técnico nos lanza preguntas sobre el ser humano, y como la fe y la búsqueda del sueño de Dios para la humanidad pueden orientar un desarrollo integral y auténtico.

A las puertas de tu ordenación sacerdotal ¿qué sentimientos predominan? ¿qué intuiciones?

En este tiempo, los acontecimientos pasan deprisa, y se mezclan distintos sentimientos. Se unen la alegría y la ilusión por un nuevo modo de servicio a los nervios por intentar hacer bien lo que a uno le toca en lo práctico.

En las intuiciones se incluyen la responsabilidad por el don encomendado, pero también la alegría por un nuevo modo de relación con Dios, que se abre también hacia otros.

¿Qué es para ti el sacerdocio? 

En mi caso concreto, yo entiendo el sacerdocio insertado en la vocación jesuítica. Veo el sacerdocio como el don de ayudar a la relación de otros con Dios, de diversas formas, incluyendo el apostolado y el acompañamiento, pero especialmente mediante la celebración de los sacramentos, que es un modo privilegiado a través del cual Dios se hace presente en nuestras vidas y se relaciona con nosotros.

¿Y el sacerdote del siglo XXI cómo debe ser?

Aparte de la solidez teológica y espirItual, y de la cercanía pastoral, creo que en el s. XXI un sacerdote necesita mantener dos tensiones.

Por una parte, ser una persona eclesial sin ser clerical. Por eclesial entiendo una persona que ame la Iglesia, y ayude a otros a sentirse en casa y amarla, como realidad elegida por Dios para anunciar la Salvación en su Hijo Jesucristo. El vicio del clericalismo consistiría en usar el poder eclesial para imponer una visión limitada o ideologizada sobre Dios.

La segunda tensión consistiría en ser dialogante sin ser relativista. Creo que para anunciar la fe hoy es necesario entender que el mundo es plural y diverso, y que Dios actúa muchas veces de formas que no esperamos (como dice el Concilio Vaticano II). Es importante escuchar y comprender la experiencia de los otros, y descubrir la novedad Dios en nuestro tiempo. Pero eso no significa necesariamente dejarse llevar por las modas o por la corrección política.

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