Publicado: Domingo, 12 Junio 2022

Joan Morera SJ, a tres meses de su ordenación

El sábado 17 de septiembre, a las 12 h. en la iglesia de Santa María de Verdú (Lleida), lugar de nacimiento de San Pere Claver SJ, se ordenará otro compañero en una ceremonia presidida por el arzobispo Joan Enric Vives i Sicília. Le preguntamos por su vida, su trayectoria como jesuitas, su vocación y cómo afrontan su próxima ordenación.

JOAN MORERA SJ: 

-Breve biografía:

Nací en Tordera (Barcelona) en 1983. Me formé como informático y en 2004 entré en el Seminario diocesano de Girona. Tras un discernimiento, en 2009 entré en el noviciado jesuita, y después de los votos en Loyola, aprendí durante dos años lenguas bíblicas en Salamanca, para ser finalmente enviado a la Universidad Gregoriana de Roma a estudiar Teología Bíblica (2013-2015), con una etapa en Jerusalén. El Magisterio lo hice en una escuela de Tanzania (2015-2017), una etapa bonita e intensa, pero por problemas de salud tuve que volver. En la enfermería de Sant Cugat me diagnosticaron una enfermedad genética que me acompaña. De allí, tras año y medio en Llúria (Barcelona), me orientaron a otro Magisterio en Lleida (2019-2021) en Arrels Sant Ignasi y la parroquia. Este último curso he estudiado Ecología Integral a distancia desde Manila (Filipinas).

-¿Dónde sitúas el origen de tu vocación? ¿Qué destacarías de ella?

En mi vida me ha fascinado siempre recrear en 3D la maravilla de la creación, y por ello me fui especializando en programación de videojuegos. Pero, poco a poco, me veía deshumanizado invirtiendo tantas horas ante la pantalla, al lado del clamor de los pobres por todo el mundo, la voz de Dios que llamaba. Por ello, decidí finalmente entrar en el Seminario, porque solo conocía la opción de mi tío sacerdote diocesano de Girona, Josep Perich. Él me fue enseñando con su testimonio que el evangelio se materializa en los más pobres, preferidos de Dios: parroquias de barrios periféricos, grupos de etnia gitana, discapacitados, espiritualidad del Pradó... También mis tías Montserrat y Conxita, religiosas de la Inmaculada Concepción, me inspiraron con su entrega en África, en una leprosería de Senegal, y ya dentro de la Compañía descubrí que tenía un tío bisabuelo jesuita en la familia, Francesc Serra. Con revistas como Aguiluchos, de los Misioneros combonianos, o vidas de santos que me traía mi abuela, iba descubriendo un modo más radical y entero de seguir a Jesús. La religiosidad popular de la parroquia de Tordera se convirtió en búsqueda de Dios desde el movimiento de Cursillos de Cristiandad de Girona. Y el rector del seminario Jordi Font y su vocación dentro del escultismo, llena de amor por la naturaleza, la Iglesia y Jesucristo, me configuraron el modo de entregar mi vida. El mes de Ejercicios con Xavier Melloni en la Cova de Manresa (2007) fue para mí un antes y un después como creyente. Finalmente, ya desde la etapa del seminario fui encontrando en grandes referentes noviolentos de la historia una fuente de espiritualidad y relación con un Dios comprometido en la historia.

-¿Cómo valoras tu trayectoria como jesuita?

Entré como jesuita centrado en querer entregarme solo a los más pobres, y con miedo a que “no me lo concedieran”. He ido cambiando mucho, descubriendo más a Dios en todas las cosas. Muchas misiones se pueden orientar hacia los últimos, y no se trata de “mi voluntad”, sino de “la voluntad de Dios en mí”: si no sorprende o desprograma, difícilmente es voz de Dios. La escucha coral con varias “antenas parabólicas” (¡no solo la mía!) enriquece el camino: un ejemplo es la muy reciente dirección hacia el servicio en la ecología. Gracias a esta intuición de los formadores que me acompañan, he releído mi vida y comprendido que la ecología integral es algo que siempre me ha vertebrado y no me daba cuenta.

En el primer mes de Ejercicios que hice antes de entrar en la Compañía, descubrí en una fuerte experiencia de Dios un trípode que desde siempre me ha sido manantial: la Biblia, los pobres y la justicia/paz como tres ejes determinantes en mi vida y vocación. A lo largo de estos últimos 15 años, la justicia y la paz se han ido concretando en noviolencia* como modo de vida: progresivamente voy descubriendo a Dios desde este rostro brillante que por amor se mueve para desarmar al violento e incluirlo, que lucha sin violencia para detener las injusticias, y que no agrede sino que ama toda criatura con locura. Esta espiritualidad de la noviolencia la he bebido de los aprendizajes bíblicos, y me hace avanzar en el seguimiento a Jesús.

Finalmente, no puedo descuidar en esta transformación interior la dolorosa metamorfosis de la mano de mi hermana enfermedad, que como extraña pedagoga, por un lado, sigue siendo prisión que me impide desplazarme y servir como me gustaría pero, por otro lado, es sensibilidad que me humaniza, me acerca a los necesitados y me enseña que Dios nos quiere por cómo somos, no por lo que hacemos, algo que los jesuitas debemos recordarnos siempre.

-A las puertas de tu ordenación sacerdotal ¿qué sentimientos predominan? ¿qué intuiciones? ¿Qué es para ti el sacerdocio? ¿y el sacerdote del siglo XXI cómo debe ser?

Interiormente me siento andando hacia lo que soy, desplegando aquello que está dentro y agradeciéndolo a Dios y a la Compañía que con tanta calidad me ha formado para ello. La preparación para esta ordenación presbiteral ha tardado muchos años (desde 2004 si contamos la entrada en el Seminario), pero nunca he tenido prisa, y ahora llega como algo natural y sin ruido, que genera paz, como del buen espíritu.

Sin embargo, no siento que el sacerdocio sea el centro de mi vida: para los jesuitas, nuestro centro vocacional es la configuración a Jesucristo desde los votos religiosos (que prometí en Loyola en 2011) y, aun con mis fragilidades, son mi modo de seguirle. El sacerdocio llega aquí como una “actualización del sistema operativo”, hablando en lenguaje informático, para que mi misma estructura interna como jesuita esté ahora al servicio de las comunidades eclesiales haciendo presente a Jesús de un modo más especial, con los sacramentos y el acompañamiento.

Me hace mucha ilusión ser ordenado precisamente en este giro que nos da el siglo XXI: por la secularización de la “vieja y acomodada Europa” necesitamos comunicar el tesoro del evangelio en nuevos lenguajes adaptados a las nuevas generaciones, ser testigos del amor de Dios en medio de la gente que busca espiritualidad y no encuentra, que lucha por la justicia en el mundo pero se quema por falta de raíces… ¡Estamos llamados a ser pulmón y oasis para tanta gente…! Haciéndolo con cariño, para que el Espíritu de Dios pueda besar cada realidad herida. Me gustaría que desde este carisma que siento por la paz y la noviolencia, por la espiritualidad de la ecología, por la lectura moderna de la Biblia, pueda estar al servicio de los más pobres en el mundo, aunque por limitaciones físicas tenga que hacerlo a otro ritmo, al que Dios quiera.

 

* El término "no violencia" significa simplemente ausencia de violencia, o bien que algo no tiene nada que ver con la violencia. El término "no-violencia", aunque esté en la mayoría de diccionarios, se reserva para designar las técnicas gandhianas ante el colonialismo británico. Por último, "noviolencia" se inició a partir de Aldo Capitini (1931) que acuñó un nuevo término que no fuera solo ausencia de violencia, sino una lucha activa y sin violencia por la justicia, con dimensión ético-espiritual. Desde entonces, en inglés y en italiano por ejemplo ya se ha consolidado el término junto, y en españolcatalán y otras ya existen publicaciones oficiales que apoyan este movimiento internacional.

 

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