Isidre Ferreté celebra 50 años de sacerdocio arraigado en el mundo obrero y en La Salut Alta
Este domingo 12 de abril, Isidre Ferreté celebró su 50 aniversario como sacerdote en la capilla de Sant Joan Baptista, en el barrio de la Salut Alta de Badalona. Lo hizo acompañado por la comunidad parroquial, vecinos y vecinas, amistades, compañeros jesuitas y sacerdotes diocesanos.
Nacido en Barcelona en el barrio de Sant Gervasi, licenciado en Filosofía y Teología, Isidre se ordenó sacerdote el 25 de enero de 1976, en la parroquia de de Ca n’Oriach, de Sabadell, comprometida con el mundo obrero y luchador, el mismo día que se celebraba la asamblea de Comunidades Cristianas Populares.
En la homilía que pronuncio este domingo, recordó ese momento con emoción y alegría. “La fiesta no parecía que se tuviera que acabar, de tantos besos y abrazos y cantos y emociones compartidas”, explicó. Pero al día siguiente, Isidre se fue a trabajar, como cada día, a la fábrica. “No había cambiado nada pero había cambiado todo. No me sentía con una mayor dignidad sino con una identificación mayor a Jesucristo, que me había confiado su confianza para seguir trabajando por el Reino de Dios”.
Porqué Isidre Ferreté ha sido uno de los jesuitas que en ese momento histórico decidió incorporarse al mundo del trabajo y de la vida de los obreros, compartiendo las condiciones de vida de la clase trabajadora como cura obrero. Y lo ha seguido haciendo a lo largo de su vida. “Me he sentido tan sacerdote en la máquina, llenando botellas de Politus 8 horas al día al lado de mis compañeras, como arreglando una avería mecánica, como en la UGT asesorando o animando y haciendo huelga con las mujeres de limpieza, como celebrando misa y predicando en la capilla de las Vedrunas de Sant Llorenç (Terrassa) o en la comunidad cristiana de Rubí, y ahora, desde hace 30 años, entre vosotros y vosotras, en el barrio de La Salut Alta, lo mismo subido a una escalera a colgar una pancarta, o en una manifestación por la justicia mundial, o contra los desahucios, o en la eucaristía dominical en esta capilla”.
Isidre llegó a La Salut Alta hace 30 años, cuando la comunidad de jesuitas se instaló en este barrio de Badalona para hacerse cargo de la Capilla de Sant Joan Baptista. Y desde entonces, ha compartido vida, retos y esperanzas con los vecinos, acompañando a las personas y a las iniciativas sociales. El contacto con la gente, dice, te hace ver el Evangelio de otra forma y los problemas a ras de suelo. Y por eso siempre ha sido puente entre la Capilla, la Fundació Salut Alta y la gente del barrio, siempre dispuesto a echar una mano en lo que haga falta. “Si nos fijamos en Jesús de Nazaret”, decía el domingo en la homilía, “era conocido como el hijo del carpintero. Toda su vida fue sacerdotal. Toda su vida fue un consagrar las relaciones humanas amadas por Dios”.
Convencido, como el Papa Francisco, de que la iglesia debe ser comunidad sinodal y hospital de campaña, lanzó la invitación a todos y todas a “seguir ayudando a que nuestra comunidad de La Salut Alta y la iglesia de Badalona sea viva, valiente, profunda, humana, al estilo de Jesús, sensible al sufrimiento y la injusticia de los poderosos”.
La celebración fue también agradecimiento, por parte de Isidre, a las comunidades y personas con las que ha compartido camino en Torre Romeu (Sabadell), Sant Llorenç, (Terrassa), el Pinar, (Rubí), y La Salut Alta (Badalona), donde ha encontrado “amistades hondas, muchas horas vividas en comunidades cristianas o con jóvenes, trabajando para mejorar el barrio o acompañando equipos de ACO apasionados por la justicia y el evangelio”. Pero también él recibió el agradecimiento de las personas, comunidades e instituciones que ha acompañado siempre con vocación de servicio y buen humor.
Después de la eucaristía, la comunidad de la capilla había preparado un picoteo que permitió un rico intercambio entre las personas que pudieron acompañar a Isidre en su celebración, feligreses, familia, compañeros del voluntariado y amigos.
Para culminar el día festivo la comunidad jesuita compartió una comida en la que se leyó la carta del P. General y la carta del P. Provincial para la ocasión. Durante la sobremesa, Isidre y Ramiro Pàmpols, que vivieron juntos 20 años en Sabadell, aprovecharon para recordar tantos momentos de su vida entregada a la realidad obrera en barrios populares.