"En mis bodas de oro sacerdotales"
¿Qué daré al Señor por todo lo que me ha dado?
Cincuenta años. No sé si es mucho o poco.
Sé que no los he llevado solo.
Alzaré la copa y diré tu nombre en voz alta,
delante de todos, sin esconder nada.
Fui barro. Lo sigo siendo.
Tú pusiste el tesoro ahí dentro en este recipiente tan frágil,
tan lleno de grietas.
No entiendo por qué. Pero no me quejo.
Rompiste mis cadenas, Señor.
Las que yo mismo me había puesto,
y alguna que me pusieron otros.
Me costó reconocerlo.
Pero fueron tus manos.
He intentado que te conozcan.
He intentado que vieran en ti la luz,
no en mí.
No siempre lo logré.
Pero esa era la tarea: llevar a cabo la obra.
La tuya.
Hoy cumplo mis votos de nuevo,
delante de todo el pueblo,
con esta copa en las manos
y este corazón que ha visto mucho
y todavía se asombra.
Y te pido por ellos,
por todos los que en este camino
se acercaron un poco a ti,
o dejaron de estar solos un rato.
Tú sabes quiénes son.
Yo los llevo conmigo
como el mejor fruto de estos cincuenta años.
Señor, yo solo soy tu siervo.
Con todo lo que eso significa.
Gracias.
Juan Ignacio García Velasco SJ, en sus bodas de oro sacerdotales. 28 de junio de 2026