Publicado: Jueves, 12 Febrero 2026

“Ceñirse la toalla para servir”: Mariano René Sequeira SJ y el diaconado como envío

Las ordenaciones diaconales celebradas este fin de semana han dejado un poso de agradecimiento en la Provincia. Una celebración en la que los ordenados, procedentes de distintos países y provincias, estuvieron acompañados y arropados por el cariño y la oración de sus familiares y compañeros jesuitas.

“Hemos sentido la alegría de la Compañía de Jesús y quiero vivir así para siempre”, expresaba Mariano René Sequeira SJ, destacando la gratuidad de lo recibido. Lo hacía en una entrevista en el programa Rompiendo Moldes de Radio María, apenas 24 horas después de la ordenación. Allí reconocía que una de las imágenes que más le ha marcado es precisamente la invitación a “ceñirse la toalla para servir” que les lanzaba el obispo don Vicente Martín Muñoz.

En su homilía, precisamente, el obispo auxiliar de Madrid, presentaba a los nuevos diáconos tres actitudes clave para este ministerio: la capacidad de escucha, el acompañamiento y la disponibilidad para servir. Escuchar sin ideas preconcebidas ni actitudes de superioridad; acompañar en una Iglesia sinodal, caminando con otros y discerniendo juntos lo que Dios pide, lo que la Iglesia necesita y lo que el mundo reclama; siguiendo el ejemplo de Cristo que lava los pies a sus discípulos.

Un modo concreto de entender el diaconado hoy y de vivirlo con fidelidad, como un paso más en este proceso de formación, y con la mirada en una futura ordenación sacerdotal, Dios mediante. “El diaconado no es fruto de méritos personales, sino pura gracia”, explica Mariano, asumiendo las promesas de servicio al altar, a la Palabra y a la entrega generosa.

Preguntado por aquello que distingue al jesuita de otras formas de vida consagrada, Mariano señala una intuición central de San Ignacio: estar en la frontera. “Ahí donde otras personas no pueden llegar y donde, a veces, la misma Iglesia no puede estar presente porque está atendiendo otras realidades”. Desde esa perspectiva, destaca una de las claves de la formación de la Compañía: la disponibilidad, aprendiendo a servir allí donde uno es enviado. Un camino que, en su experiencia por distintos países, le ha ayudado a descubrir que cada lugar y cada historia contienen algo de Dios, y que el corazón “se ensancha para amar y servir” en contextos muy distintos.

Las enseñanzas y experiencias de San Ignacio, casi cinco siglos después, tienen plena vigencia para Mariano. Destaca especialmente su actitud de búsqueda constante y el don del discernimiento, hoy tan necesario en la Iglesia y en el mundo. Una búsqueda que no se apoya sólo en las propias fuerzas o intereses, sino que tiene a Dios como único fin. Ignacio encarnaba la incertidumbre y la confianza en sus pasos, pero junto a ello, también era ejemplo de libertad, un rasgo esencial de la espiritualidad de la Compañía: la libertad para optar y para dejar, para ordenar la vida de modo que todo conduzca a alabar y servir a Dios.

El diaconado se abre así para Mariano como una escuela de servicio, escucha y disponibilidad. También, desde la humildad del que se sabe necesitado de la oración, encomendando a la audiencia, a la par que citaba al Papa Francisco, que “no se olviden” de rezar por él y sus compañeros.

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