Foto: Vatican Media
Publicado: Jueves, 04 Junio 2026

Alzar la mirada con los pies en las periferias

Por Pau Vidal SJ, delegado de la Plataforma Apostólica de Catalunya

En pocos días Cataluña recibirá al papa León XIV, obispo de Roma. La visita tendrá, sin duda, una dimensión eclesial relevante, pero su significado no se agota en la agenda institucional ni en los espacios que recorrerá. 

Por una parte, será una ocasión privilegiada para conocer mejor su ministerio como sucesor de Pedro. Su visita nos remite directamente a Jesús de Nazaret y a las primeras comunidades cristianas. Desde entonces, la Iglesia, con errores y aciertos, ha deseado vivir siempre fiel al Evangelio. Recibir al obispo de Roma debe recordarnos que, sin la centralidad de Cristo, todo sería fuego de artificio. Por ello, estos días serán ocasión para fortalecer y renovar nuestra fe. Una fe cristiana que solo puede ser vivida en comunidad. Una comunidad de comunidades, extendidas por todo el mundo, universal. 

El papa León XIV, en tiempos de gran polarización, nos recuerda hasta qué punto es necesario trabajar por la unidad en la diversidad. En tiempos de guerra y militarismo, recibir al mensajero de la paz, una paz desarmada y desarmante, será bálsamo y acicate. También podremos volver a preguntarnos cómo preservar la dignidad humana en tiempos de inteligencia artificial, como algo nuclear del mensaje del Evangelio. 

Por otra parte, recibiremos a León XIV en nuestra casa, para que pueda conocernos mejor y podamos explicarle cómo vivimos la Iglesia y la sociedad catalanas los retos contemporáneos. Visitando Montserrat, le mostraremos nuestra devoción a María, mujer del pueblo, arraigada en una tierra, una cultura y una lengua que amamos y que deseamos que siga siendo casa para todos, de manera especial para quienes han tenido que marcharse de sus países por la guerra o la pobreza. Celebrando la eucaristía y la bendición de la torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia, le acercaremos la vida y obra de Gaudí, ilustre catalán, compartiendo nuestra pasión por buscar siempre caminos nuevos hacia Dios, siendo el arte y la belleza senderos privilegiados. 

Y como buen samaritano, su itinerario estará marcado por paradas y desplazamientos hacia las periferias humanas. Porque, cristianamente, solo se puede alzar la mirada hacia Dios con los pies bien firmes en los lugares donde la humanidad está más amenazada y sufre la injusticia. La visita a la prisión de Can Brians y el encuentro con personas vinculadas a las entidades de acción social de la Iglesia en la parroquia de Sant Agustí del Raval nos permitirán mostrarle el rostro de esta Iglesia al servicio de los más desfavorecidos e invisibilizados de nuestra sociedad. Sabemos, como el mismo Papa dice en Dilexi Te, que: “«Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es una manera fundamental de encuentro con el Señor de la historia” (DT 5). 

Más allá de la agenda propiamente eclesial, esta visita difícilmente quedará circunscrita solo al ámbito interno de la Iglesia. En una sociedad marcada por el cansancio, la fragmentación y la desconfianza, la presencia de León XIV puede abrir una conversación más amplia sobre qué fundamentos queremos dar a la convivencia, qué lugar reservamos a los más vulnerables y qué esperanza somos capaces de compartir. También aquí el mensaje de Jesucristo puede ser leído como una propuesta exigente de humanidad, de fraternidad y de futuro. 

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