Publicado: Jueves, 11 Junio 2026

León XIV en Cataluña: una llamada a vivir una fe encarnada, junto a los últimos

La Eucaristía en la Sagrada Familia y la bendición de la Cruz que corona la torre de Jesús fueron el momento culminante de la visita del Papa León XIV a Cataluña. En una celebración solemne, en un espacio donde belleza, fe y historia se entrelazan, el Santo Padre recordó que no se puede creer en Jesús y promover la guerra, abandonar a quien sufre o desentenderse de quien huye de la miseria. La Cruz, dijo, es la cruz de los últimos, que se convertirán en los primeros; una cruz llamada a ser estandarte de caridad y signo de esperanza.

Una veintena de sacerdotes jesuitas concelebraron esta Eucaristía, entre ellos Enric Puiggròs, provincial de los Jesuitas en España, y Pau Vidal, delegado de los Jesuitas en Cataluña. También asistieron jesuitas, laicos y laicas vinculados a distintas instituciones, comunidades y obras de la Compañía de Jesús. Para todos ellos, las palabras del Papa resonaron como confirmación e impulso de una misión en la que el compromiso fe-justicia ocupa un lugar central.

La espectacularidad de la bendición e inauguración de la Cruz, que convierte la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo, no hizo perder de vista el sentido profundo del gesto. Como señaló el propio Papa en la homilía, no se trata de destacar en clasificaciones mundanas, sino de “guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina”. Pau Vidal subraya que en la Sagrada Familia se hizo especialmente visible cómo “la sed de trascendencia y espiritualidad se expresa a través del arte, la arquitectura y la belleza, como muestra muy bien la basílica soñada y proyectada por Gaudí”.

Desde esta imagen puede leerse también el conjunto de la visita del Papa León XIV a Cataluña, tal y como se ha vivido desde la Compañía de Jesús. En la vigilia de oración celebrada en el Estadio Lluís Companys de Montjuïc, el martes, participaron numerosas personas de comunidades, escuelas y entidades vinculadas a la Compañía de Jesús en Barcelona. Antes de dirigirse al estadio, alumnado de las escuelas de Jesuïtes Educació y jóvenes de los grupos Magis se reunieron en el Casal Loiola de Barcelona para compartir comida y oración. Fue un espacio sencillo y significativo, en el que pudieron expresar sensaciones, expectativas y llamadas ante el encuentro con el Papa: la necesidad de levantar la mirada para salir de uno mismo, la llamada a la paz en un mundo convulso o la importancia de una comunidad que se hacía visible en aquella experiencia compartida.

Este sentimiento de comunidad fue una de las resonancias más repetidas entre los jóvenes. Anna y Laia, de Magis del Casal Loiola, tras salir del encuentro con el Papa en Montjuïc, describían una experiencia que “no olvidaremos nunca” y que les deja “ganas de seguir caminando en el camino de la fe, de alzar la mirada y de seguir haciendo camino en comunidad”. También Patrícia, de Magis, destaca el valor de haber podido compartir la vigilia con la comunidad más cercana y, al mismo tiempo, con una comunidad más universal, formada por personas de lugares e historias muy distintas. Para ella, los testimonios tuvieron “mucha fuerza” y las palabras del Papa fueron “cercanas y, al mismo tiempo, profundas”, una invitación a llevarlas a la propia vida y a alzar la mirada “a la cruz y a los demás”.

En Montjuïc, León XIV afirmó que “debemos encontrar a Dios en la realidad en la que nos encontramos”, recordando la importancia de cultivar espacios de silencio y espiritualidad, y de hacer camino interior junto a otros. Quienes participaron en la vigilia destacan la profundidad y claridad con la que el Papa abordó el dolor y la Cruz. “Hay momentos de oscuridad y sufrimiento que nuestra sociedad silencia, pero la Cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona y recoge el grito del sufrimiento que otros no escuchan”, dijo el Santo Padre. Para Jordi Gomà, coordinador de pastoral de los Jesuitas en Cataluña, León XIV habló de “una fe que tiene sentido porque está integrada en el mundo y no nos desconecta de la realidad”. Tres jóvenes compartieron experiencias muy duras, ante las cuales, recuerda Gomà, el Papa “dijo con mucha claridad que no podemos espiritualizar el dolor, que Dios no quiere el sufrimiento, y nos dijo que debemos seguir buscando, sin desistir. Es un mensaje de esperanza muy importante en estos momentos”.

También Belén García, responsable de grupos de jóvenes de la Comunidad Sant Pere Claver del Clot, destaca la forma en que León XIV abordó cuestiones como la salud mental, el suicidio o la violencia machista. “Afronta cualquier tema, por difícil que sea, y llama a las cosas por su nombre”, señala. Por su parte, Blanca y Borja, jóvenes de Magis, vivieron la vigilia como una ocasión para orar sobre realidades que “desgraciadamente tocan mucho nuestra sociedad” y destacan cómo la invitación a “alzar la mirada” se encarnó en signos propios de la cultura catalana: los castellers elevándose hacia el cielo, la montaña de Montserrat o la Escolanía cantando con fuerza que Dios acompaña y sostiene. “Impacta ver tantas vidas movidas por Dios”, afirman.

La presencia de jóvenes y educadores de nuestros colegios fue una de las notas significativas de estas dos jornadas. Cerca de 400 alumnos y educadores de los centros de Jesuïtes Educació participaron en distintos momentos de la visita: el encuentro conjunto con escuelas jesuitas del resto de España y grupos Magis en Madrid, la vigilia de Montjuïc y la jornada en Montserrat, donde alrededor de 250 alumnos y alumnas de Jesuïtes Educació se sumaron a jóvenes de escuelas cristianas de Cataluña para recibir al Santo Padre. Cèlia Sentís, responsable de pastoral de Jesuïtes Educació, destaca este itinerario como una experiencia de convivencia, sentido y pertenencia, y señala que la vigilia permitió vivir “un momento intenso de comunidad".

Junto a la dimensión educativa y pastoral, la visita tuvo también una fuerte resonancia social. En la prisión de Brians 1, con su encuentro y abrazo a las personas internas, reforzó como la Iglesia está llamada a situarse allí donde la dignidad humana se ve herida, olvidada o puesta a prueba. Y en la parroquia de Sant Agustí, en el Raval de Barcelona, León XIV mantuvo un encuentro con representantes de entidades sociales de Iglesia. “Aquí de verdad me siento en casa”, dijo el Papa en un acto sencillo, marcado por la cercanía y por el reconocimiento a quienes acompañan situaciones de vulnerabilidad. Entre los asistentes había diversos miembros de entidades sociales de los Jesuitas en Cataluña. M. Carmen de la Fuente, coordinadora del sector social, destacó que “el Santo Padre ha recordado una vez más que la persona humana está en el centro de la acción de la Iglesia”. Anna Martínez, directora de la Fundació Salut Alta, recogió la llamada del Papa a ser “testigos creíbles” y a seguir alimentando esperanza, “poniendo siempre en el centro la dignidad de la persona”. 

En todos estos momentos, la Compañía de Jesús ha vivido estas jornadas como una experiencia compartida de Iglesia y de misión, y como una invitación a seguir buscando a Dios en la realidad, poniendo en el centro la dignidad de cada persona.

ver +

también te puede interesar