El impacto de la visita de León XIV desde la mirada de tres jesuitas
Pasados los días más intensos de la visita del Papa León XIV a España, toca preguntarnos qué deja en quienes la han vivido de cerca. Más allá de la agenda o los actos multitudinarios, la visita plantea inquietudes, confirma intuiciones y deja llamadas que tocan de lleno a nuestra misión.
Desde la Compañía de Jesús, la visita se ha vivido como un acontecimiento eclesial de gran intensidad, con una fuerte dimensión espiritual, comunitaria y social. Para Enric Puiggròs SJ, superior provincial, “el dinamismo apostólico que ha supuesto ha sido increíble, y la fuerza de la vivencia religiosa y eclesial ha sido muy profunda".
“Compartir el impacto en las personas, su vivencia de los detalles de los distintos eventos, te hace caer en la cuenta de que ha habido mucho de Dios en estos días”, señala. Junto a esa vivencia espiritual, el Provincial subraya también el enorme trabajo que ha hecho posible la visita: diócesis, comunidades religiosas, administraciones públicas, educadores, catequistas, voluntarios y voluntarias, jesuitas y tantas personas que han sostenido la organización en distintos lugares. “Me sale agradecer la generosidad de todos los que han permitido, con su esfuerzo, hacer posible todo esto”, afirma.
Para la Compañía, esta visita ha sido también una experiencia de cuerpo apostólico. En Madrid, Barcelona y Canarias, distintas personas, comunidades y obras se han implicado en actividades pastorales, educativas y sociales vinculadas al paso del Papa. Más allá de la profundidad de algunas palabras o de momentos concretos que han conmovido, Puiggròs destaca “el agradecimiento de haber podido vivir un momento histórico”. Y añade una petición: “Que sepamos sacar fruto de todo esto, en este llamado del Papa a la hondura de nuestra propia humanidad”.
Esta profundidad tuvo una expresión especialmente simbólica en Barcelona, en la celebración de la Sagrada Familia y en la bendición de la cruz de la torre de Jesucristo. Alexis Bueno SJ, superior de la comunidad del Sagrado Corazón de Barcelona, resume lo vivido a partir de un sentimiento, una palabra y una imagen.
El sentimiento es el de “comunidad, Iglesia, pueblo; una comunidad que acoge a su pastor”. En un lugar de una belleza tan singular como la Sagrada Familia, Bueno percibió la fuerza de "un pastor valiente, un hombre que está enfrentándose a los poderosos de esta tierra". Pero, sobre todo, recoge una palabra de la homilía, cuando el Papa se refirió a la cruz que bendecimos como "la cruz de los últimos, de los excluidos, de los que no tienen lugar”. Desde ahí, interpreta el gesto de alzar la mirada no como una invitación evasiva, sino como un movimiento profundamente cristiano: “alza la mirada hacia la cruz de Jesucristo, pero para bajarla hacia los crucificados de esta ciudad”. La imagen que conserva de la celebración es la explosión final de luz, con un mensaje dirigido no solo a la Iglesia o a la comunidad cristiana, sino “a todo el mundo y a toda la ciudad”: un mensaje de belleza y de fe.
Canarias situó la visita en una de las heridas más dolorosas de nuestro tiempo: la realidad migratoria. Josep Buades SJ, dedicado al trabajo en migraciones y presente en Arguineguín, considera que el discurso de León XIV en el muelle siguió la estela de sus intervenciones anteriores, pero “con mucha más hondura y más contundencia”.
Para Buades, las palabras del Papa en Arguineguín no son solo para escuchar, sino “para meditar, interpretar debidamente y, sobre todo, aplicar”. Llegaban, además, después de unos testimonios profundamente interpeladores: el servicio de quienes han rescatado y salvado a miles de personas; la voz de quien ha escapado de redes de trata y necesita que otra persona hable por ella por motivos de seguridad; la experiencia de quienes ayudan y acogen en medio de situaciones de desbordamiento; y la ofrenda floral como oración y homenaje a quienes han perdido la vida. Pero Buades advierte que "no solo se pierde la vida en el mar o en el desierto, la vida y la dignidad se pierden o se ven pisoteadas con la explotación laboral y con el odio". Y concluye, “como Compañía de Jesús no podemos dejar de creer de verdad en la hospitalidad, en un nosotros más amplio”.
La mirada de estos tres jesuitas ante la visita de León XIV converge en una misma intuición: una invitación a vivir la fe con más profundidad, a fortalecer la comunidad eclesial, a mirar el sufrimiento sin espiritualizarlo ni ignorarlo, y a responder desde la hospitalidad allí donde la dignidad humana se ve amenazada.