Estrellas de Oriente en Nador
Yalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī decía que la herida es aquel lugar por donde entra en nosotros la luz. Al mirar la herida de la Frontera Sur vemos en su profundidad a los 54 niños y niñas muertos intentando alcanzar la costa española, al más de medio millar de personas desaparecidas y a los 38 naufragios engullidos por el trágico año que acabamos de despedir.
A veces se percibe, en el equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones en Nador, un vértigo particular: el de quien se descubre amando a aquellos cuya alma es profunda aún en la herida; o el de quien puntualmente siente más el sufrir del otro que su propia vida.
En estos días de Epifanía, nos preguntamos por la revelación de este intento migratorio desarmado. También por el de su inconcebible y cruel repulsión.
Con agradecimiento hemos estrenado el año recibiendo la visita del provincial Antonio España y del delegado del Sector Social, Luis Arancibia. Nos han confirmado en el empeño audaz de nuestra mínima provincia: hallar cauces para acompañar esta desbocada realidad.
Nuestra comunidad y los equipos que acompaña, han sido alcanzados por la determinación de este intento. Los talleres de Educsi y Entreculturas, el recuerdo fresco de la visita del Secretariado de Misiones, los retos compartidos con el SJM Melilla, la colaboración con la Universidad Loyola, los encuentros agendados con Comillas, la venida de Alboan y los contactos con Migra Studium nos hablan de una decidida opción, que como una cabalgata de ternura, cubre de presencias luminosas los contornos de esta herida, conteniéndola con sus destellos y cauterizándola con su luz; recordándonos que no hay mayor tentación que la que atrae hacia sí la esperanza, y que no hay poderes ni fuerzas que puedan separar a la familia humana del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!