La última puerta, un himno y una oración
Nos hemos acostumbrado a convivir con el Covid, pero es cierto que durante los últimos 20 meses ha supuesto un cambio radical en nuestras vidas. Quizás ha traído la muerte a primer plano, y, como bien sabemos, eso nos iguala a todos, pues esa última puerta todos la atravesaremos. Muchos seres queridos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos han fallecido. Y muchos de nosotros hemos perdido a alguien cercano. También los jesuitas han visto cómo la lista de compañeros fallecidos por Covid en todo el mundo iba escalando -aún son recientes, en nuestra provincia, los nombres de nuestros compañeros que en Loyola han muerto en este último mes consecuencia de un brote...-
Dos jesuitas, animados desde la curia de Roma, que les planteó hacer un homenaje / recuerdo a tantos compañeros fallecidos, han unido sus capacidades. La poesía de José María Rodríguez Olaizola y la música de Cristóbal Fones, que en esta ocasión ha contado con la voz de Celinés para apoyar el canto, se unen en «La última puerta», que hace unos días se presentaba en el canal de Youtube de la curia de Roma. Un vídeo que, en esta ocasión, evoca tantos nombres de jesuitas fallecidos durante la pandemia. Pero un canto que va mucho más allá y nos alude a todos en lo que tiene de oración, de memoria y de homenaje. Y que incluye en realidad muchos más nombres, todos los que queramos añadir, de tantas personas a las que queremos, añoramos, perdemos y desde la fe, esperamos.
La última puerta.
Morir es preparar la última fiesta.
Recordamos a tantos que partieron
y al saber que a tu abrazo se encaminan
no nos queda otro canto que el silencio.
Quizás su ausencia de ahora nos invade.
Brillan los ojos al evocar sus gestos.
Bailan la gratitud y la nostalgia
por todo lo que alguna vez nos dieron.
Lloramos, porque así añora quien ama.
Porque duele la muerte, ese misterio
que nos abre la senda de otra vida,
mientras cierra este ciclo que es el tiempo.
Es nuestra finitud una promesa,
y es también un combate con el duelo.
Extraño este horizonte de esperanza,
cuando el «adiós» envuelve un «nos veremos».
Su marcha nos despierta algunas dudas,
nos enfrenta al final, como un espejo,
pues todos cruzaremos esa puerta
y al pasar ese umbral, descubriremos
que ya tú nos estabas esperando
que la vida era el pórtico del cielo
Cantaremos de nuevo, y para siempre,
con quienes hoy nos dejan su recuerdo.