Carta de Navidad desde el Sáhara
Segunda entrega de las cartas de Navidad de jesuitas de la Provincia que tienen su día a día y misión a cientos o miles de kilómetros. En esta ocasión, la carta llega desde el Sáhara, desde El Aaiún y el remitente es Alvar Sánchez:
Frente al mar en calma, la calidez del atardecer descansa en la arena.
Sienten en su vientre el peso frágil de la vida que viene y la urgencia de un mundo que quiere cambiar.
Escriben en su corazón una oración que no saben si alguien leerá. No se conocen yquizá nunca se encuentren. Pero esta noche, el mismo mar y el mismo cielo las miramientras sueñan lo mismo y pronuncian a Dios.
Mariam se abraza a sí misma, mirando al horizonte y sintiendo el viento húmedo en sus ojos. Al rumor de las olas, susurra:
En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso. Oh Allah, Señor de la paz, acoge el deseo profundo de mi pueblo. Mira este mar que une tradiciones y memorias, y que sangra por la injusticia. Que nuestra diversidad sea bendición y no amenaza. Enséñame, como a la madre del profeta Iessua, a acoger la vida que crece en mí, eneste mundo inhóspito. Que mi hijo nazca en una tierra donde la hospitalidad sea más fuerte que el odio. Tú eres la Paz, Allah. Hacia Ti, mi anhelo.
Un poco más al norte, Miryam escribe despacio, como quien ora con las manos abiertas, mientras la brisa mueve las páginas de su cuaderno.
Adonai, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Dios de la Alianza, escucha hoy mi voz. En la Torá nos dices que amemos al extranjero porque extranjeros fuimos. No permitas que olvidemos esa verdad. Que este hijo que espero no herede el miedo, sino la responsabilidad de bendecir. Y que la promesa hecha a Abraham encuentre hoy cumplimiento en quienes rezamos, sin conocernos, por la misma shalom. Haz de mi vientre un espacio de esperanza y de mi pueblo un refugio para la vida.
Al oeste, ya encendida la noche, María levanta la mirada, respira hondo y cerrando los ojos deja que la oración la envuelva.
Dios de Amor, fuente de toda vida y esperanza… ya es Navidad! Siente este mar y su sed de reconciliación. Envía tu Espíritu de Amor sobre nuestras costas y sobre todos los pueblos. Recuérdanos que tu Hijo Jesús fue forastero y refugiado, y que en cada persona acogida te acogemos a Ti. Y que el niño que llevo en mi seno crezca en un mundo donde la misericordia abrace a la justicia y donde la comunión sea más fuerte que las fronteras. Haznos artesanos de tu paz.
“Oh humanidad, os hemos creado de un solo ser… para que os conozcáis unos a otros” (Corán 49,13)
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19,18)
“Era forastero y me acogisteis” (Mt 25,35)
Remolinos de arena y dunas avanzan por la carretera que une Laâyoune con la playa de El Marsa. Frente a nosotros, las 8 islas representan una promesa de paz y esperanza. En silencio, nos preguntamos por esas oraciones pronunciadas entre el oleaje, en la oscuridad de la noche. El océano no distingue sus nombres ni sus lenguas, pero recoge sus oraciones y las confía al viento. También las nuestras, cuando desde esta costa nos imaginamos las súplicas que ya habrán comenzado a tejer, juntas, un mundo un poco más habitable para la Vida que está por nacer…
La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes (…)
Es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad.
(León XIV, Exhort. ap. Dilexi te, n. 75).

Alvar Sánchez es secretario general de Cáritas Marruecos y Vicesuperior de la comunidad de jesuitas de El Aaiún.